Cuando estaba pequeño me enseñaron una regla de cortesía al hablar que consistía en decirle al interlocutor alguna cosa buena para, posteriormente, decirle algo que no fuera tan agradable. Según ésa lógica, siguiendo esos pasos uno se ganaría la atención de la otra persona y estaría más dispuesta a escuchar la opinión que le quisiéramos dar. Y como las reglas de urbanidad son para seguirlas, me apegué a esa norma firmemente. Durante muchos añños la seguí al pié de la letra. La creía una verdad inmutable y, según yo, eso me haría una persona educada y agradable a los demás.
Todo había sido miel sobre hojuelas hasta que una chica me aplicó la regla: Eres una persona interesante, pero sólo te quiero como amigo…
¡Sonamos!
De un momento a otro, la canija reglita de urbanidad me hizo sentir como si recibiera el golpe de un martillo directo en el pecho. Recuerdo que traté de mantener la mirada fija y de esbozar una tímida sonrisa que parecía una máscara mal puesta.
Hoy entiendo que la palabrita “pero…” es como el liquid paper o el borrador universal que elimina todo lo que se había dicho antes para dar paso a las malas noticias o, al menos, a las cosas no tan agradables que vienen después de decirla. Al final, pienso que, cuando la digo, la otra persona recibe el golpe de palabras como si le hubiera raspado el ego sin posibilidad de sobarse como yo me sentí aquella vez.
Trato de ya no decir “pero…” aunque algunas veces se me pase. Se ha convertido en una actividad que me ha demandado algo de concentración. En última instancia quiero mejorar mi capacidad de comunicarme con los demás constantemente pero se me olvida…
¡chin! Se me pasó una vez más...
Buena reflexion, sin embargo dejame decirte... (buena substitucion del pero..)
ResponderEliminarYo creci en una costumbre diferente, aca las cosas se dicen como son, sin rodeos, directo al grano, como coloquialmente dice la gente.
Aprendi muchas cosas, entre ellas era que no habia que cuidarse al hablar y/o cuidar los sentimientos del otro ajeno a mi, despues de todo cada quien siente lo que quiere y a como esta, y tambien aprendi que mucha gente me lo tomo a mal (hablar asi, directo, sin un "suavisante" de entrada), sin embargo sirvio para "filtrar" a todos aquellos que realmente estarian contigo por mucho tiempo, que te aceptarian tal como es y con tus "verdades".
Hubo un tiempo que "aprendi" a meter suavisante y decir algo bonito al principio + el "pero" + lo que realmente queria decir, y no me sentia yo, sentia que me engañaba y engañaba a mi interlocutor.
Hace algunos meses "aprendi" a meter el suavisante en lo que queria decir, ya sin el pero, si hay que reconocer algo positivo, lo reconosco y/o agradezco, pero ya no tengo la formulita de decir las cosas como son socialmente aceptables, mas bien, como me siento bien yo diciendolas.
Un abrazo Quillo, interesante reflexion... sin embargo... jajaja
Quillo, creo que es precísamente lo que trato de decir en el escrito. Estamos tan acostumbrados a usar el "pero" que nos es difícil articular una expresión sin hacer uso de ella.
ResponderEliminar¿Qué pasaría si nuestra comunicación fuera tan eficiente y efectiva que pudiera decir directamente lo que quiere sin hacer uso de ésta herrmienta gramatical?
Como siempre, es un placer realizar descubrimientos ontológicos con un colega distinguido como tú. Gracias Quillo.
Me gusto lo del 'liquid paper' en el sentido de que terminamos tapando algo buen que debía quedarse.
ResponderEliminar