sábado, 24 de septiembre de 2011

El tormento de diablo.

Hace algún tiempo llegó a mis manos un libro de Julián Barnes, "Arthur & George". En él hay un relato que me gusta usar.

El diablo andaba ocupándose de sus asuntos y hacía la ronda por el mundo cuando se topó con un grupo de diablillos que estaban atormentando a un santo ermitaño. Utilizaban tentaciones y provocaciones rutinarias que el santo varón resistía sin mucho esfuerzo.

- No se hace así- les dijo. - Yo les mostraré cómo se hace. Miren y aprendan.

Dicho lo anterior, se acercó por detrás al ermitaño y con tono meloso le susurró al oído:

- A tu hermano acaban de nombrarle obispo de Alejandría.

... de inmediato, unos celos feroces ensombrecieron la cara del santo.

- Esta es la mejor manera- dijo a los diablillos, alejándose con una gran sonrisa en el rostro...

Yo lo utilizo como pié de discusión sobre lo que un sentimiento corrosivo, como los celos -o la envidia-, pueden causarnos.  

¿Para qué lo usarías tú?

viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Sabemos motivar?


Una de las preguntas más frecuentes que me llegan en mi labor de consultor tiene que ver con la motivación: ¿Cómo motivo a las personas de mi empresa?

Casi siempre les relato la siguiente anécdota…

Un director de empresa que acababa de asistir a un seminario sobre motivación de personal, llamó a un empleado —que, por cierto, era su mejor vendedor y había demostrado su lealtad a la firma por unos 20 años— a su despacho y le dijo:

     De ahora en adelante, se le permitirá a usted planificar y controlar su propio trabajo. Estoy seguro de que hará que aumente su productividad considerablemente.

     ¿Me pagará más? —preguntó el empleado.

     ¡De ningún modo! El dinero no es un elemento motivador. Usted no obtendrá alguna satisfacción de un simple y burdo aumento de sueldo.

     Bueno, pero si aumenta mi productividad, ¿me pagará más? —volvió a preguntar el empleado.

     Mire usted… —dijo el jefe ya con un tono molesto. —Evidentemente usted no entiende la teoría de la motivación. Llévese a casa éste libro sobre motivación y léalo. En él se explica qué es lo que realmente le motiva. 

El empleado tomó un voluminoso libro de las manos de su jefe. Al  momento que salía del despacho volvió sobre sí, y con voz temerosa volvió a preguntar: ¿Y si leo el libro… ¿me pagará más?

Luego los jefes se preguntan el por qué no logran motivar a su personal. Motivar es más que saberse un grupo de teorías y fórmulas. Es más que dar órdenes. Es más que tener aulas donde lleguen oradores a dar discursos encendidos…

Motivar es escucharlos, entenderlos, comprenderlos para saber qué es lo que los motiva. Si escuchamos más y mandamos menos, ellos dirán qué es lo que los motiva.

Simple… ¿verdad?

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las herramientas del diablo, en venta.

Hace algunos años, cansado de estar haciendo el mal en el mundo, el diablo decidió poner en venta todas sus herramientas en una increíble subasta. Estaba seguro de que atraería la atención de muchas de las almas más atormentadas del mundo, y él, por fin, podría dedicarse a descansar de todas sus fechorías.

Dispuso un salón amplio, suntuosamente adornado, que daba un marco especial a su extensa y más fina colección de herramientas. Ahí estaban las glamorosas dagas de los celos junto a los martillos del odio. Acomodados en hileras, pulcramente espaciadas, estaban los arcos de la codicia y la venganza, acompañados de las flechas de la lujuria y la envidia.

Todo estaba escrupulosamente etiquetado con su nombre y el precio a pagar.

Al final del gran salón lleno de herramientas, se encontraba una puerta que comunicaba a otro cuarto. Éste, a diferencia del anterior, estaba casi vacío con una mesa en centro que era iluminada por una luz cenital. En ella estaba una caja. Una simple caja que tenía el mayor precio de toda la subasta.

Quienes estaban ayudando a organizar el evento quedaban perplejos ante la gran diferencia de ambos salones. No entendían la diferencia. Es más, les intrigaba al grado de que el más atrevido de ellos, se acercó y le preguntó. El diablo incrustó su mirada en el atrevido personaje. Luego de algunos segundos que parecieron eternos, sonrió irónicamente… puso su brazo sobre el hombro de su compañero y empezó a caminar hacia el cuarto.

— Te voy a explicar. — dijo con voz profunda. En este amplio salón están todas las herramientas que cualquiera puede utilizar pues no se necesita alguna habilidad especial para usarlas. Con ellas puedes obtener cualquier tipo de resultados. Son herramientas burdas. En cambio ésta —señalando la que esta sobre la mesa del cuarto solitario— es la herramienta de todas las herramientas. Es mi consentida. Si puedo entrar en la mente de un humano, y logro introducir en él, el contenido de la caja, puedo manipularlo a mi antojo. No habrá nada que se me resista. Por eso es que es la más cara. No hay nada que se le resista al desaliento...

… y, al decirlo, lo miró fijamente a los ojos y volvió a sonreír, acariciando delicadamente la caja.