viernes, 23 de septiembre de 2011

¿Sabemos motivar?


Una de las preguntas más frecuentes que me llegan en mi labor de consultor tiene que ver con la motivación: ¿Cómo motivo a las personas de mi empresa?

Casi siempre les relato la siguiente anécdota…

Un director de empresa que acababa de asistir a un seminario sobre motivación de personal, llamó a un empleado —que, por cierto, era su mejor vendedor y había demostrado su lealtad a la firma por unos 20 años— a su despacho y le dijo:

     De ahora en adelante, se le permitirá a usted planificar y controlar su propio trabajo. Estoy seguro de que hará que aumente su productividad considerablemente.

     ¿Me pagará más? —preguntó el empleado.

     ¡De ningún modo! El dinero no es un elemento motivador. Usted no obtendrá alguna satisfacción de un simple y burdo aumento de sueldo.

     Bueno, pero si aumenta mi productividad, ¿me pagará más? —volvió a preguntar el empleado.

     Mire usted… —dijo el jefe ya con un tono molesto. —Evidentemente usted no entiende la teoría de la motivación. Llévese a casa éste libro sobre motivación y léalo. En él se explica qué es lo que realmente le motiva. 

El empleado tomó un voluminoso libro de las manos de su jefe. Al  momento que salía del despacho volvió sobre sí, y con voz temerosa volvió a preguntar: ¿Y si leo el libro… ¿me pagará más?

Luego los jefes se preguntan el por qué no logran motivar a su personal. Motivar es más que saberse un grupo de teorías y fórmulas. Es más que dar órdenes. Es más que tener aulas donde lleguen oradores a dar discursos encendidos…

Motivar es escucharlos, entenderlos, comprenderlos para saber qué es lo que los motiva. Si escuchamos más y mandamos menos, ellos dirán qué es lo que los motiva.

Simple… ¿verdad?

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