Una de las preguntas más frecuentes que me llegan en mi labor de consultor tiene que ver con la motivación: ¿Cómo motivo a las personas de mi empresa?
Casi siempre les relato la siguiente anécdota…
Un director de empresa que acababa de asistir a un seminario sobre motivación de personal, llamó a un empleado —que, por cierto, era su mejor vendedor y había demostrado su lealtad a la firma por unos 20 años— a su despacho y le dijo:
— De ahora en adelante, se le permitirá a usted planificar y controlar su propio trabajo. Estoy seguro de que hará que aumente su productividad considerablemente.
— ¿Me pagará más? —preguntó el empleado.
— ¡De ningún modo! El dinero no es un elemento motivador. Usted no obtendrá alguna satisfacción de un simple y burdo aumento de sueldo.
— Bueno, pero si aumenta mi productividad, ¿me pagará más? —volvió a preguntar el empleado.
— Mire usted… —dijo el jefe ya con un tono molesto. —Evidentemente usted no entiende la teoría de la motivación. Llévese a casa éste libro sobre motivación y léalo. En él se explica qué es lo que realmente le motiva.
El empleado tomó un voluminoso libro de las manos de su jefe. Al momento que salía del despacho volvió sobre sí, y con voz temerosa volvió a preguntar: ¿Y si leo el libro… ¿me pagará más?
Luego los jefes se preguntan el por qué no logran motivar a su personal. Motivar es más que saberse un grupo de teorías y fórmulas. Es más que dar órdenes. Es más que tener aulas donde lleguen oradores a dar discursos encendidos…
Motivar es escucharlos, entenderlos, comprenderlos para saber qué es lo que los motiva. Si escuchamos más y mandamos menos, ellos dirán qué es lo que los motiva.
Simple… ¿verdad?
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