Hace algún tiempo llegó a mis manos un libro de Julián Barnes, "Arthur & George". En él hay un relato que me gusta usar.
El diablo andaba ocupándose de sus asuntos y hacía la ronda por el mundo cuando se topó con un grupo de diablillos que estaban atormentando a un santo ermitaño. Utilizaban tentaciones y provocaciones rutinarias que el santo varón resistía sin mucho esfuerzo.
- No se hace así- les dijo. - Yo les mostraré cómo se hace. Miren y aprendan.
Dicho lo anterior, se acercó por detrás al ermitaño y con tono meloso le susurró al oído:
- A tu hermano acaban de nombrarle obispo de Alejandría.
... de inmediato, unos celos feroces ensombrecieron la cara del santo.
- Esta es la mejor manera- dijo a los diablillos, alejándose con una gran sonrisa en el rostro...
Yo lo utilizo como pié de discusión sobre lo que un sentimiento corrosivo, como los celos -o la envidia-, pueden causarnos.
¿Para qué lo usarías tú?
No hay comentarios:
Publicar un comentario